humanidades digitales, Posgrados

Por Posgrados del Tec de Monterrey

9 Minutos

Publicado el 9/09/2026

Farmear aura, algoritmos y la revolución de las Humanidades Digitales

Derramas el café sobre tu computadora portátil en medio de una junta importante: -500 puntos de aura. Atrapas tus llaves en el aire sin voltear a mirar tras un rebote imposible: +1000 puntos de aura. En las pantallas de TikTok y X (antes Twitter), las generaciones Z y Alfa han comenzado a jugar un juego fascinante: cuantificar el prestigio social, el estilo y el magnetismo personal bajo una estricta contabilidad digital.

Esta tendencia, conocida como "farmear aura" (aura farming), traslada un concepto clásico de los videojuegos de rol (RPG), donde "farmear" consiste en repetir acciones monótonas para acumular recursos y mejorar un personaje, al terreno del carisma cotidiano. Si te preguntas qué es farmear aura o qué significa farmear aura en TikTok, la respuesta está en cómo la reputación ya no se asume de forma abstracta; se mide, se debate y se expone públicamente a través de marcadores interactivos virtuales para ganar aura o evitar perder aura ante la comunidad.

Lo que inició como un meme digital sobre los puntos de aura ha saltado con fuerza a la realidad analógica. En plazas y calles de ciudades de América Latina, hasta en los propios campus del Tecnológico de Monterrey, esta dinámica se hizo presente cuando estudiantes comenzaron a reunirse en círculos en las explanadas universitarias para pasar al centro y realizar distintas dinámicas con la intención de demostrar su “aura” ante la comunidad, recurriendo a un inventario de poses codificadas como el "six-seven" (un movimiento alternado de palmas), caminatas calculadas ("aura walks"), o la técnica de gesticulación facial conocida como "mewing". El fenómeno ha alcanzado tal relevancia que figuras políticas han respaldado públicamente estos encuentros en espacios, celebrándolos como una vía pacífica para que la juventud se apropie del espacio público y recupere la convivencia presencial frente al aislamiento de las pantallas.


Pero ¿por qué hemos empezado a medir y transaccionar nuestro carisma como si fuera una moneda de cambio de un videojuego de fantasía? Comprender el
origen del término farmear aura y este giro cultural exige ir más allá de una mirada superficial: requiere las herramientas críticas de las Humanidades Digitales aplicadas.

En principio, se investiga mediante minería de datos, análisis de redes sociales y filología computacional: ya sea través del procesamiento de grandes volúmenes de datos provenientes de plataformas digitales, los estudiantes pueden cartografiar la arquitectura de difusión del meme. A su vez, se puede tomar la evolución semántica y minería de texto, pues mediante herramientas lingüísticas computacionales, se puede rastrear el viaje diacrónico de neologismos y términos derivados del entorno digital y analizar cómo códigos léxicos del videojuego o repertorios gestuales de la cultura pop mutan hacia marcadores de identidad y pertenencia en la juventud hispanohablante.

Estos proyectos convierten las conversaciones en red en diagnósticos precisos para las industrias interactivas, los medios de comunicación y el marketing de contenidos

El aura en la era de las plataformas

Para comprender el fenómeno de “farmear aura” conviene mirar más allá de la tendencia y preguntarse qué tipo de comportamiento están promoviendo las plataformas digitales. Una clave puede encontrarse en la idea de “lo igual” de Byung-Chul Han, en La expulsión de lo distinto, quien advierte sobre la proliferación de contenidos, gestos y formas de expresión cada vez más homogéneos en los entornos digitales.

Desde esta perspectiva, “farmear aura” tiene una paradoja: aquello que pretende distinguir a una persona termina convirtiéndose en un conjunto de códigos que todos pueden reproducir. Las poses “sigma”, las celebraciones deportivas, determinadas expresiones faciales o formas de vestir funcionan como gestos reconocibles dentro de un mismo lenguaje visual. El usuario busca proyectar una personalidad singular, pero para hacerlo recurre a signos que ya han sido validados y que circulan masivamente en la plataforma. La diferencia se construye, así, a partir de modelos compartidos.

Aquí resulta pertinente la lectura de Geert Lovink en Sad by Design, donde plantea que las redes sociales no son espacios neutrales, sino entornos diseñados para mantenernos conectados, medir nuestra actividad y estimular constantemente la búsqueda de reconocimiento. Los “me gusta”, seguidores, visualizaciones y otras métricas convierten la interacción social en datos visibles y comparables.

En ese contexto, “farmear aura” lleva esta lógica un paso más allá: el carisma se convierte en algo que puede producirse, repetirse y medirse. Lo que antes podía percibirse como una cualidad espontánea o difícil de definir adquiere una dimensión cuantificable dentro de la plataforma. La identidad deja de ser únicamente algo que se expresa y se convierte también en algo que se optimiza.

Así, la ironía del “aura” digital está en que para parecer único hay que aprender a hablar el mismo lenguaje que todos los demás. Y mientras los usuarios participan en ese juego, las plataformas proporcionan las reglas, las métricas y los incentivos que lo mantienen en funcionamiento.

De la reflexión a la práctica: tender puentes entre teoría y tecnología

Analizar fenómenos culturales y sociales en el entorno digital requiere algo más que observar lo que sucede en la red o aplicar herramientas tecnológicas. Las Humanidades Digitales parten de la integración entre la reflexión teórica y la práctica: combinan preguntas sobre la cultura, la sociedad y el comportamiento humano con metodologías y tecnologías que permiten estudiarlas, interpretarlas y generar nuevo conocimiento.

Esta relación entre teoría y práctica está presente desde los orígenes de las Humanidades Digitales. En 1949, el jesuita Roberto Busa colaboró con IBM para procesar millones de palabras de la obra de Santo Tomás de Aquino, dando paso a nuevas formas de abordar el análisis de textos. El uso de la tecnología no sustituyó la reflexión humanística; abrió nuevas posibilidades para hacer preguntas, encontrar patrones y profundizar en la interpretación de un corpus que difícilmente podía estudiarse de la misma manera con métodos tradicionales.

Desde esta perspectiva, investigar un fenómeno como el “aura” y sus manifestaciones en el espacio público implica construir un puente entre preguntas teóricas, herramientas digitales y juicio crítico. Algunas otras metodologías que pueden contribuir a este análisis son:

  • Etnografía digital: permite estudiar cómo las personas interactúan, construyen significados y desarrollan formas de socialización en entornos digitales, así como explorar la relación entre estas dinámicas y sus manifestaciones en espacios físicos.
  • Análisis de datos y tendencias en la red: facilita identificar patrones de circulación, difusión y transformación de contenidos digitales, aportando evidencia para comprender cómo determinados fenómenos culturales.
  • Filología computacional y minería de textos: permite analizar grandes conjuntos de textos y conversaciones digitales para identificar cambios en el lenguaje, la evolución de conceptos y la construcción colectiva de significados.
  • Visualización de datos: transforma conjuntos complejos de información en representaciones que permiten identificar relaciones, patrones y tendencias, sin perder de vista la interpretación crítica de los datos.
  • Narrativas digitales: integran investigación, tecnología y recursos interactivos para comunicar conocimiento y desarrollar nuevas formas de acercar los fenómenos culturales a distintas audiencias.

La tecnología, entonces, no constituye el fin del ejercicio humanístico. Es una vía para ampliar la capacidad de investigar, interpretar y comunicar fenómenos complejos. El valor de las Humanidades Digitales está precisamente en conectar estas herramientas con una reflexión profunda sobre aquello que queremos comprender.

Así, estudiar el “aura” no consiste únicamente en recolectar datos sobre una tendencia o visualizar su propagación. Implica formular preguntas, contrastar evidencias, interpretar comportamientos y construir argumentos con fundamento. Es en ese diálogo entre teoría y práctica donde las Humanidades Digitales encuentran su mayor potencial para generar conocimiento y aportar nuevas perspectivas a campos como la comunicación, las industrias creativas, la gestión cultural y la planeación urbana.


De observar lo digital a intervenir en él: la Maestría en Humanidades Digitales del Tec de Monterrey

Fenómenos como el farmear aura muestran que la cultura digital transforma la manera en que construimos identidad, nos relacionamos y damos significados a lo que sucede a nuestro alrededor. Comprender estas transformaciones requiere profesionales capaces de leer críticamente los entornos digitales y, al mismo tiempo, desarrollar proyectos que respondan a los retos culturales y sociales que surgen en ellos.

La Maestría en Humanidades Digitales del Tecnológico de Monterrey forma profesionales que integran pensamiento humanístico, metodologías digitales y capacidad de gestión para desarrollar proyectos en ámbitos como la comunicación, las industrias creativas, la cultura, el patrimonio y la generación de conocimiento. Su enfoque parte de una premisa fundamental: la tecnología no sustituye la reflexión humanística, sino que amplía las posibilidades para investigar, crear, interpretar y comunicar.

A lo largo del programa, los estudiantes desarrollan proyectos que pueden abordar distintas necesidades del entorno digital, desde la creación y gestión de contenidos y proyectos culturales hasta el análisis de fenómenos socioculturales, la construcción de narrativas digitales y la gestión de información y patrimonio. Para ello, incorporan metodologías y herramientas como:

  • Etnografía digital, para comprender prácticas, comunidades y formas de interacción en entornos digitales.
  • Análisis y visualización de datos, para identificar patrones y comunicar información de manera significativa.
  • Minería de textos y filología computacional, para explorar transformaciones del lenguaje y los discursos digitales.
  • Narrativas y proyectos digitales, para crear nuevas formas de producir, preservar y compartir conocimiento.
  • Gestión de colecciones y patrimonio digital, para contribuir a la preservación y difusión de la memoria cultural.

Más que aprender a utilizar herramientas, la formación busca que cada proyecto parta de una pregunta relevante, una mirada crítica y una comprensión profunda del contexto. Esa combinación permite que el profesional de Humanidades Digitales no sea únicamente un usuario de tecnología, sino alguien capaz de tender puentes entre conocimiento humanístico, innovación digital y necesidades concretas de la sociedad.

Y ahí vuelve el “farmear aura" (aura farming). Lo que comenzó como una tendencia en redes puede convertirse en una oportunidad para preguntarnos qué entendemos hoy por identidad, reconocimiento y pertenencia; cómo las plataformas participan en la construcción de esos significados y qué nuevas formas de expresión están surgiendo entre las generaciones que las habitan. La mirada de las Humanidades Digitales no se queda en explicar el fenómeno: abre la posibilidad de convertirlo en conocimiento, narrativa y proyectos capaces de incidir en la cultura digital que estamos construyendo.

Conoce más sobre la Maestría en Humanidades Digitales aquí.

Escrito por

Posgrados del Tec de Monterrey

Suscríbete para recibir actualizaciones de nuestro blog

Post Relacionados