En el marco del IFE Conference 2026, la conferencia “Aprender a lo largo de la vida: el nuevo estilo de vida”, impartida por Víctor Gutiérrez, Vicepresidente de Aprendizaje para el Futuro, planteó una reflexión urgente: en un mundo donde las personas viven más y el entorno cambia con mayor rapidez, aprender ya no es una etapa de la vida, sino una condición para transitarla con relevancia y propósito.
Históricamente, la educación ha sido concebida como una secuencia ordenada de etapas —preescolar, primaria, secundaria, bachillerato, licenciatura, posgrado— que culminan en un punto específico del tiempo. Sin embargo, como señaló Víctor durante su intervención, esa visión resulta insuficiente frente a trayectorias profesionales y vitales cada vez más largas, diversas y no lineales.

“A medida que nuestras carreras evolucionan, nuestras metas cambian y nuestras vidas avanzan, hay una verdad permanente: nunca dejamos de aprender”, afirmó.
La conferencia situó este cambio de paradigma en un punto de inflexión histórico, impulsado por tres grandes tendencias que están redefiniendo el presente y el futuro del aprendizaje.
La primera es la inteligencia artificial y la automatización. La aceleración tecnológica está transformando la forma en que trabajamos, vivimos y nos relacionamos con nuestro entorno. Una prueba de ello es que, de acuerdo con el Foro Económico Mundial, entre 2023 y 2027 se perderán alrededor de 14 millones de empleos, principalmente por la automatización y la IA.
Ante este escenario, Víctor mencionó que hay dos maneras de verlo: la inteligencia artificial puede convertirse en el mayor motor de inclusión en América Latina o, por el contrario, en el amplificador más rápido de desigualdad. La diferencia no estará en la tecnología en sí, sino en la capacidad de las personas para aprender, adaptarse y reinventarse de manera continua.
La segunda tendencia es la longevidad moderna. En los últimos 200 años, la esperanza de vida global se ha duplicado, transformando profundamente la manera en que concebimos el trabajo y el aprendizaje. Para 2030, cerca del 25% de la población en América Latina será mayor de 50 años, lo que implica trayectorias laborales más extensas y múltiples reinvenciones a lo largo de la vida.
En este contexto, resulta obsoleto pensar que el aprendizaje concluye al terminar una carrera profesional a los 22 años. La longevidad exige un nuevo paradigma: aprender a lo largo de la vida como un estilo de vida, no como una respuesta reactiva al cambio.

El tercer elemento es un desafío estructural a gran escala. Actualmente, la participación en educación continua en América Latina alcanza apenas a cerca del 5% de la fuerza laboral. Si esta realidad no cambia, la IA no acelerará el crecimiento de la región, sino que ampliará sus brechas sociales y económicas. El aprendizaje permanente se convierte así en una condición necesaria para el desarrollo sostenible.

Aprendizaje para el Futuro: una respuesta a un mundo que no se detiene
Desde esta perspectiva, el Grupo Educativo Tecnológico de Monterrey ha definido una respuesta estratégica. En su Plan Rumbo al 2030, se estableció una nueva unidad de negocio: Aprendizaje para el Futuro, con más de 1,200 programas, múltiples formatos y 10 áreas temáticas estratégicas con el objetivo de ampliar el acceso al aprendizaje para personas en distintas etapas de la vida.
Además, recientemente amplió su oferta, incluyendo programas para la silver economy, sobre desarrollo personal, al igual que modelos de acompañamiento que integran formación y coaching, con una visión de expansión en México y América Latina.
Durante la conferencia, Víctor planteó una definición poderosa del aprendizaje a lo largo de la vida. Es la capacidad de seguir creciendo en cada etapa, de adaptarse al cambio y de abrir nuevas oportunidades cuando el mundo se transforma. Es aprender, desaprender y reaprender, manteniendo la curiosidad, la relevancia y el propósito. Y, sobre todo, es una decisión consciente que permite a las personas tomar control de su propio futuro.
El mensaje final fue contundente: necesitamos un aprendizaje que se adapte a las personas y no al revés. Un aprendizaje con calidad y exigencia académica, flexible, personalizado y alineado con las realidades de cada individuo. En un mundo en constante transformación, aprender ya no es solo una preparación para la vida. Es, en sí mismo, una forma de vivir.
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