Inicia el Summit de Educación Superior y Aprendizaje a lo Largo de la Vida con reflexiones sobre las tendencias, retos y preguntas clave del aprendizaje continuo hacia 2030.
En el marco del IFE Conference 2026, se llevó a cabo la conferencia inaugural del Summit de Educación Superior y Aprendizaje a lo Largo de la Vida, un espacio dedicado a reflexionar sobre cómo están cambiando (y deberán seguir cambiando) los modelos educativos ante un mundo marcado por la aceleración tecnológica, la longevidad y la incertidumbre.
La sesión inició con un mensaje de bienvenida de Víctor Gutiérrez, vicepresidente de Aprendizaje para el Futuro del Tecnológico de Monterrey (VPAF), quien subrayó que el aprendizaje a lo largo de la vida ya no puede entenderse como una etapa adicional de la formación profesional, sino como una forma distinta de relacionarse con el conocimiento a lo largo del tiempo.
Y es que, en un contexto donde el cambio es constante, señaló, aprender de manera continua se vuelve una condición necesaria para mantenerse vigente, conectado con la realidad y con capacidad de adaptación.
“Hoy más que nunca, el aprendizaje para la toda la vida es un nuevo estilo de vida. En el pasado, tú te graduabas de una carrera universitaria o de un posgrado, entrabas a trabajar a una buena empresa, y casi tenías asegurado que de ahí te ibas a jubilar”, indicó el directivo.
“Hoy estamos en un punto diferente: el mundo y la velocidad del cambio hace que este proceso [de aprendizaje contino] se vuelva un estilo de vida”, agregó.
Posteriormente, Cintia Smith, directora de Prospectiva y Oportunidades Estratégicas de la VPAF, presentó la conferencia “Las cinco tendencias del lifelong learning hacia 2030: una mirada disruptiva sobre el aprendizaje a lo largo de la vida”. Desde ahí, invitó a cuestionar qué es lo que actualmente entendemos por una educación “normal” y si ese modelo sigue siendo suficiente frente a los cambios que atraviesa la sociedad.
Como punto de partida, Smith propuso un ejercicio inicial: mirar críticamente las ideas que solemos asociar con la educación, como los espacios homogéneos, los grupos de la misma edad, los ritmos iguales y los contenidos estandarizados. Advirtió que muchas de estas nociones están quedando obsoletas y que continuarán transformándose de manera ininterrumpida.
Entre los factores que están acelerando este cambio, destacó la velocidad con la que evolucionan las habilidades, la creciente insuficiencia del conocimiento adquirido en una sola etapa de la vida profesional, así como el aumento en la esperanza de vida, que amplía significativamente el periodo en el que las personas pueden, y necesitan, seguir aprendiendo.
“La velocidad de las habilidades que tenemos que adquirir es tan rápida que es imposible con el set de capacidades que absorbemos en la etapa profesional, poder responder a todo este camino de evolución tan ágil”, indicó la también docente e investigadora.
“Por otro lado, está el tema de la extensión de la vida. La esperanza de vida se expande, pero no nada más porque vivimos más, sino porque vivimos mejor. En ese sentido, alcanzamos ciertas edades en donde llegamos con la mente a todo lo que da, entonces, ahora no es solo decir ‘me retiro, estoy en mi casa y ya está’, para nada, continuamos siendo realmente productivos a todas edades. Todo ese cambio tiene un impacto en cómo nos imaginamos la educación”, apuntó.
En este contexto, Smith hizo referencia a un estudio prospectivo sobre educación desarrollado por el Laboratorio de Futuros de la Universidad de Stanford, que plantea escenarios como el de la Open Loop University. Bajo esta visión, la universidad deja de concebirse como un espacio de entrada única para transformarse en un lugar al que se puede ir y volver a lo largo de la vida, tantas veces como sea necesario, en función de los cambios profesionales, personales y sociales de cada persona.
Más que ofrecer respuestas cerradas, la conferencia se articuló en torno a preguntas provocadoras que invitan a repensar el aprendizaje en el largo plazo:
A partir de estas preguntas, Smith exploró tendencias como la personalización del aprendizaje, apoyada en tecnologías como la inteligencia artificial; el énfasis en el pensamiento crítico, la resiliencia cognitiva y la neuroplasticidad; así como la necesidad de construir comunidades de aprendizaje intergeneracionales, donde el conocimiento fluya en múltiples direcciones.
La parte más disruptiva de la charla llegó al poner sobre la mesa tres grandes retos que acompañan al aprendizaje a lo largo de la vida y que, de acuerdo con la directora de Prospectiva y Oportunidades Estratégicas, no pueden seguir evitándose en la conversación pública.
El primero se relaciona con cómo sostener la motivación para vivir en un proceso permanente de reskilling y upskilling, en sociedades cuyos modelos laborales y educativos no están diseñados para el aprendizaje continuo y donde las exigencias cotidianas del trabajo y la vida personal dificultan mantener el impulso por seguir aprendiendo.
El segundo reto tiene que ver con quién asume el costo de esta transformación. Smith cuestionó qué ocurre cuando el peso del aprendizaje recae únicamente en las personas y no se distribuye entre instituciones educativas, empresas, gobiernos y otros actores, advirtiendo que este escenario puede profundizar brechas y desigualdades en el acceso a oportunidades de formación.
Finalmente, planteó la necesidad de encontrar sentido y propósito en esta trayectoria constante de actualización, para evitar que el aprendizaje a lo largo de la vida se reduzca únicamente a una lógica productiva o de respuesta inmediata al mercado, y recuperar su dimensión humana, social y personal.
Para cerrar la sesión, Smith presentó una dinámica inspirada en una teoría de la prospectiva, conocida como Five Fingers of Foresight, concebida como un recurso práctico para reflexionar sobre la incertidumbre y gestionar la ansiedad que suele acompañar los escenarios de cambio acelerado.
El ejercicio se basa en cinco principios que invitan a una relación más consciente con el futuro: pensamiento positivo, orientación a metas y acción, la capacidad de saber decir “detente” ante la sobrecarga, el compromiso con las decisiones que se toman en el presente y la responsabilidad con las futuras generaciones.
A través de esta dinámica, la docente e investigadora subrayó la importancia de recuperar la agencia personal y colectiva frente al cambio, y de asumir el aprendizaje como un proceso que también requiere pausa, sentido y dirección.
Con esta reflexión final, la conferencia dejó claro que el aprendizaje a lo largo de la vida no es solo un reto educativo, sino también cultural, social y profundamente humano, que exige repensar modelos, incentivos y propósitos para construir futuros más sostenibles e incluyentes.