Explora cómo los vehículos eléctricos están transformando las ciudades y por qué su impacto ambiental también depende de la gestión energética, la infraestructura urbana y las tecnologías detrás de las ciudades inteligentes.
Uno de cada cuatro autos vendidos en el mundo durante 2025 fue eléctrico. Así lo reveló el informe Global Energy Review 2026 de la Agencia Internacional de Energía (IEA). Esta cifra refleja la velocidad con la que la movilidad eléctrica está redefiniendo el transporte y, en consecuencia, la manera en que las ciudades evolucionan.
Esta noticia, en apariencia, es positiva en términos ambientales, pero tiene sus matices. Y es que, si bien diversos estudios demuestran que los automóviles eléctricos generan menos emisiones que los vehículos de combustión interna durante su vida útil, pensar que están completamente libres de generar contaminantes sería una visión parcial.
En ese sentido, un artículo especializado del MIT Climate Portal señala que un vehículo eléctrico puede generar alrededor de 200 gramos de CO₂ por milla recorrida, frente a más de 350 gramos en automóviles de gasolina (Moseman, 2022). Esto significa que, si bien las emisiones son considerablemente menores, el impacto ambiental asociado a esta tecnología no desaparece por completo.
Además, la producción de baterías, el consumo energético asociado a la carga de estos automóviles y la capacidad de las redes eléctricas para sostener esta transición continúan representando desafíos importantes en materia de sostenibilidad urbana y gestión energética.
Ante este panorama, surge una pregunta cada vez más relevante: ¿la movilidad eléctrica realmente puede considerarse sostenible? Para responder, es necesario analizar no sólo las emisiones asociadas a estos vehículos, sino también los desafíos energéticos, tecnológicos y urbanos que acompañan su expansión.
Más allá de sustituir gasolina por electricidad
La electrificación del transporte suele presentarse como uno de los principales caminos para reducir las emisiones contaminantes del sector automotriz. No obstante, conforme aumenta la adopción de esta tecnología, también crece la necesidad de analizar sus implicaciones desde una perspectiva más amplia.
La sostenibilidad urbana ya no puede entenderse únicamente como el reemplazo de combustibles fósiles por electricidad. Hoy también exige analizar cómo interactúan la movilidad, la generación energética, la automatización y la gestión inteligente de recursos dentro de las ciudades.
Precisamente por ello, el desarrollo de la movilidad eléctrica comienza a vincularse cada vez más con el concepto de ciudades inteligentes: entornos capaces de integrar tecnología, infraestructura y análisis de datos para administrar recursos de forma más eficiente.
El reto ambiental que comienza antes de conducir
Una parte importante del impacto ambiental de los automóviles eléctricos ocurre incluso antes de que estos comiencen a circular.
La fabricación de baterías de ion-litio requiere minerales como litio, níquel y cobalto, cuya extracción y procesamiento demandan grandes cantidades de energía. El MIT Climate Portal reporta que producir la batería de un vehículo eléctrico puede generar entre 2.5 y 16 toneladas métricas de CO₂, dependiendo de la fuente energética utilizada durante el proceso industrial (Moseman, 2022).
De hecho, el mismo documento señala que fabricar un automóvil eléctrico puede producir alrededor de 80% más emisiones que construir un vehículo de gasolina de combustión interna similar. La diferencia es que dichas emisiones iniciales suelen compensarse posteriormente gracias a la menor generación de carbono durante la operación del vehículo (Moseman, 2022).
A ello se suma otro factor clave: la fuente de electricidad utilizada para cargar estos automóviles. Un estudio publicado en el International Journal of Environmental Sciences explica que los beneficios ambientales de esta tecnología dependen en gran medida de la matriz energética de cada región (Patel et al., 2025).
Al respecto, la investigación explica que en lugares donde la electricidad proviene principalmente de fuentes renovables, las emisiones de ciclo de vida disminuyen significativamente. Pero en regiones donde la generación eléctrica continúa dependiendo del carbón u otros combustibles fósiles, las ventajas ambientales pueden reducirse considerablemente.
Esto significa que electrificar el transporte, por sí solo, no garantiza una movilidad completamente sostenible. La forma en que las ciudades producen y distribuyen energía sigue siendo un factor determinante.
Movilidad eléctrica y ciudades inteligentes: una relación inseparable
A medida que aumenta el número de automóviles eléctricos en circulación, también crece la demanda energética urbana y la necesidad de sistemas capaces de gestionarla eficientemente.
La IEA advierte que la demanda mundial de electricidad está creciendo a un ritmo superior al del consumo energético total, impulsada, entre otros factores, por los vehículos eléctricos y los centros de datos (IEA, 2026). Además, el organismo señala que el mundo ha entrado en una verdadera “Era de la Electricidad”, caracterizada por una creciente dependencia de sistemas eléctricos más complejos e interconectados.
En este escenario, las ciudades inteligentes adquieren un papel fundamental porque permiten integrar:
La propia IEA destaca que tecnologías como la carga inteligente y la integración vehículo-red (vehicle-to-grid) serán esenciales para evitar sobrecargas eléctricas y optimizar el funcionamiento urbano conforme aumente la adopción de automóviles eléctricos (IEA, 2025).
En otras palabras, el desafío ya no consiste solamente en producir más vehículos eléctricos, sino en desarrollar entornos urbanos capaces de responder eficientemente a nuevas demandas energéticas y tecnológicas.
La infraestructura energética: el verdadero cuello de botella
Uno de los mayores desafíos de la movilidad eléctrica no es el automóvil en sí, sino el sistema que necesita para operar de forma eficiente.
La expansión de estaciones de carga, la modernización de redes eléctricas y el almacenamiento energético comienzan a convertirse en temas estratégicos para gobiernos y empresas.
Respecto a lo anterior, la IEA indica que la infraestructura pública de carga para vehículos eléctricos se ha expandido aceleradamente durante los últimos años. Tan solo desde 2022, el número de cargadores públicos se duplicó a nivel mundial y superó los 5 millones (IEA, 2025). Además, el organismo proyecta que la capacidad global de carga pública crecerá casi nueve veces hacia 2030.
A esto se suma otro factor importante: las ciudades no solo tendrán que consumir más electricidad, sino administrarla de manera más inteligente. La incorporación masiva de automóviles eléctricos implica nuevos patrones de demanda energética, especialmente en horarios pico de carga.
Por ello, expertos y organismos internacionales insisten en la necesidad de implementar:
La transición energética, entonces, requiere algo más que sustituir motores de combustión por baterías eléctricas. También involucra transformar la manera en que las ciudades producen, distribuyen y administran la energía.
El futuro de la movilidad sostenible
La movilidad eléctrica representa uno de los avances más importantes en la transformación del transporte contemporáneo. Sin embargo, asumir que la sostenibilidad puede alcanzarse exclusivamente mediante la electrificación de los automóviles implicaría simplificar un desafío mucho más amplio y complejo.
La reducción de emisiones asociada a esta tecnología es innegable, pero también lo son los retos relacionados con la generación energética, la fabricación de baterías y la capacidad urbana para responder a nuevas demandas de infraestructura y consumo eléctrico.
Por ello, el verdadero desafío de las próximas décadas no será solamente reemplazar automóviles de combustión interna, sino construir entornos urbanos capaces de integrar movilidad, energía, automatización y sostenibilidad de forma equilibrada.
En ese escenario, las ciudades inteligentes adquieren relevancia no solo por incorporar nuevas tecnologías, sino por su capacidad para gestionar recursos de manera más eficiente, resiliente y estratégica frente a las necesidades energéticas del futuro.
Para quienes buscan profundizar en la relación entre movilidad, sostenibilidad y transformación urbana, el Curso Transformación de la Empresa hacia un Entorno de Ciudades Inteligentes (Smart Cities) de Educación Continua del Tecnológico de Monterrey ofrece una aproximación práctica y estratégica a estos desafíos.
A lo largo del programa, las y los participantes analizan temas como movilidad inteligente, redes eléctricas inteligentes (smart grids), integración de energías renovables, automatización urbana, big data y gemelos digitales aplicados a la gestión energética de las ciudades.
Además, el curso incorpora herramientas de simulación y análisis para comprender cómo integrar tecnología e infraestructura con una visión crítica orientada a la eficiencia y la resiliencia climática.
Referencias
International Energy Agency. (2025). Global EV Outlook 2025: Expanding sales in diverse markets. https://www.iea.org/reports/global-ev-outlook-2025
International Energy Agency. (2026). Global Energy Review 2026. https://www.iea.org/reports/global-energy-review-2026
Moseman, A. (2022, October 13). Are electric vehicles definitely better for the climate than gas-powered cars? MIT Climate Portal. https://climate.mit.edu/ask-mit/are-electric-vehicles-definitely-better-climate-gas-powered-cars
Patel, P. D., Patel, S. M., Shelat, S. J., Patel, N. M., & Bhatt, V. R. (2025). Life cycle assessment of electric vehicles: A comparative study on environmental impact with conventional automobiles. International Journal of Environmental Sciences, 11(24s). https://theaspd.com/index.php/ijes/article/view/10059